ericeira viaje surf

Playas de fina arena  y aguas límpidas. Calles laberínticas y casitas encaladas. Sencillos restaurantes donde degustar marisco o pescado a la brasa. Olas para expertos y para principiantes… Situada a menos de cincuenta kilómetros de Lisboa,  Ericeira es una perfecta combinación de buen surf y pueblo de ensueño. Este viaje arranca en Ericeira y termina en Guincho, la otra gran referencia surfera de la capital portuguesa.

vista panorámica ericeira pueblo

Vista panorámica  de Ericeira

POR E.TORRICHELLI

Dicen que en Ericeira las ventanas de las casas devoran el mar con hambre desmesurada. Y que su puerto, sus casas y calles son una letra más del alfabeto que los fenicios dejaron flotando en el horizonte cuando utilizaron Lisboa como puerta comercial en sus contactos con el norte de Europa. No lejos de Peniche, la otra meca portuguesa del surf, Ericeira se yergue al borde mismo del Atlántico. Pero el color, el aire que la rodea, posee un evocador tono mediterráneo. No en vano, el pueblo entero  está tan obsesivamente encalado que ha llegado a esa situación límite en que el blanco es ya una fulguración cegadora.

Dicen también que el tiempo se mide en Ericeira de una manera demorada. Y no hay duda de que las irresistibles playas, los  morosos atardeceres  y el aire pausado que rige sus  calles laberínticas – un aire como de eternas vacaciones, como si el sol desacelerara el paso cuando está sobre ellas – componen el tentador canto de sirena que ayuda a triplicar su población en verano. Pero lo que hoy da fama a Ericeira son los magníficos spots de surf que hay en sus alrededores.

Ericeira y sus playas de surf

Primera Reserva Mundial de Surf en Europa,  Ericeira vive y respira surf a la vuelta de cada esquina. Las tablas de surf se ven o se intuyen. Y una parte no pequeña de su población flotante se levanta cada mañana pendiente únicamente de dos cosas: la dirección del viento y del horario de las mareas. Estos son los factores principales que determinarán lo que harán ese día. O más bien, dónde lo harán, porque lo que tienen claro es su objetivo: cabalgar olas.

Las siete olas que pueden cabalgarse en sus alrededores son el gran tesoro que hoy custodia Ericeira

Quizá un buen lugar para empezar la visita sea el extremo sur de la Praia de Empa. Allí, justo enfrente del camping, encontramos la primera de las famosas rompientes de arrecife que hay en Ericeira: Pedra Branca, una poderosa ola de izquierdas del tipo “corre y dispara”.

Siguiendo en dirección norte, a menos de quinientos metros, hay una rápida y fuerte derecha que explota de forma espectacular frente a un pequeño acantilado. Se trata de Reef, una ola corta y peligrosa, no apta para principiantes.

El origen de todo, Ribeira D´Ilhas

Y llegamos a la majestuosa Praia de Ribeira D´Ilhas: una especie de anfiteatro natural, perfecto para eventos de surf, donde se forma el spot más consistente de la zona. Esta ola es la definitiva aportación de Ericeira al paisaje universal del surfing. Una espléndida y larga derecha que permite diferentes niveles de surf. Una verdadera pista de carreras en la que se puede alcanzar el éxtasis. Quien no la  haya cabalgado hasta sacar chispas a su tabla, no puede decir que ha surfeado en Ericeira.

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Ribeira D´Ilhas, la definitiva aportación de Ericeira al paisaje mundial del surf

Desde Ribeira D´Ilhas puede tomarse el sendero que atraviesa los acantilados para dar con la Bahía Dois Irmaos, hermoso paraje que atesora tres de las olas más desafiantes y emblemáticas de la Reserva. La primera, Cave, es una derecha espectacular y peligrosísima. No muy lejos hallamos Crazy Left, larga y velocísima cuando se dan las condiciones ideales. Y un poco más al norte, mi rincón favorito de Ericeira. Un lugar que ha permanecido inmaculado desde los años setenta, cuando los surfistas descubrieron este tranquilo pueblo pesquero. Me refiero a Coxos, y a su larga y potente derecha. La devoción de los locales por esta rompiente de estirpe clásica fue la chispa que desencadenó el proceso de solicitud de Ericeira como Reserva Mundial de Surf.

La última parada nos lleva a la Praia de Sao Lourenço. Y a una ola tan rápida y consistente que más bien parece un súbito descenso del nivel del mar en vez de un spot normal.

SITIOS QUE PUEDES (Y DEBERÍAS) VISITAR DESDE ERICEIRA

Lo que importa en Ericeira no es pasar y ver, sino estar. Estar con los cinco sentidos atentos. Romper amarras con el día de la marcha y no quererse acordar de él para nada. Calles, rincones, alma… ¡Olas! Ericeira es como un espejo de la antigua felicidad. Y, además, se encuentra a un salto de algunos de los lugares más cautivadores de la Península Ibérica. Empezando por Lisboa, pasando por Mafra o Sintra, y terminando en el Cabo da Roca, el punto más occidental de Europa.

coxos ericeira

Coxos, la mejor derecha de Ericeira

Qué ver en Lisboa

Lisboa pertenece al selecto y restringido club de urbes hechiceras: una de esas ciudades que hay que visitar, ¡por lo menos!, una vez en la vida. Marcada tanto por la actividad de sus habitantes como por las fuerzas de una naturaleza no siempre piadosa, la historia recuerda la acción devastadora del terremoto de 1775. Ninguna otra ciudad europea, a excepción de Pompeya, que era mucho más pequeña, había sufrido un desastre similar.  Palacios, iglesias, comercios, casas… fueron reducidos a escombros. Pero Lisboa renació de sus cenizas. Y hoy es difícil imaginársela más hermosa.

Lo primero que hay que recomendar de la capital portuguesa es pasear y pasear por ella hasta caer agotado. Hay tantos rincones bellos que ninguna guía, por minuciosa que fuera, podría describir todos.

Rossio, el corazón de Lisboa

El centro es, sin duda, la plaza del Rossio, presidida por el Teatro Nacional Doña María II y rodeada por edificios de los siglos XVIII y XIX. Junto a ella se levanta la bella estación que da entrada a la majestuosa Avenida da Liberdade. Mil quinientos metros de palacios, hoteles y palmeras con final en el Parque de Eduardo VIII, donde nos encontramos con uno de esos miradores lisboetas que permiten el espejismo de tener la ciudad a nuestros pies.

Lisboa pertenece al club de urbes hechiceras, una de esas ciudades que hay que visitar una vez en la vida

Desde la plaza del Rossio, pero en dirección opuesta, es decir, hacia el Tajo, se dirigen, en línea recta, las calles Dos Fanqueiros, Dos Douradores, Da Prata, Dos Correiros, Augusta y Do Ouro. Todas ellas cortadas en ángulo recto por otras con nombres de santos. Es la Baixa, el Barrio Bajo, llano, rectilíneo,  fruto del plan de reconstrucción impulsado por el enérgico marqués de Pombal después del terremoto de 1775: el territorio melancólico y desvencijado por el que caminara el poeta Fernando Pessoa.

Todas las calles de la Baixa están dedicadas a un comercio intenso y polifacético. Todas van a dar al Terreiro do Paço, imponente y bulliciosa plaza rococó dominada por la estatua del rey José. El Terreiro do Paço ha sido siempre la mejor entrada a Lisboa. Aquí se recibía a la realeza y a los embajadores. Y aquí venían a parar, en la prodigiosa época colonial,  los bajeles procedentes de la India y Brasil. Amplia, cuadrada, volcada al Tajo, es el digno remate de este ajetreado barrio que muere en las aguas.

Terreiro do Paço Lisboa

Terreiro do Paço, Lisboa

Chiado y Barrio Alto

La Baixa sirve de punto de unión, de enlace perfecto, entre los dos barrios laberínticos que se escapan por las colinas: Alfama y Barrio Alto. El conjunto de calles que llevan al Barrio Alto, y algunas de las de esta zona, componen el Chiado. Se trata de un barrio encantador, elegante y lleno de vida: la niña de los ojos de la aristocracia y la burguesía lisboeta durante el siglo XIX. En 1988 un incendio arrasó algunos de sus edificios históricos. Pero el Chiado sigue siendo uno de los lugares más atractivos de la capital portuguesa. Sus calles en cuesta, sus edificios residenciales, sus cafés,  librerías  y plazas presididas por evocadores monumentos… tienen un carácter especial, de ciudad sólida, inequívocamente europea.

Allí está el café Brasileira, el más célebre café de la vieja Lisboa, que ha mantenido prácticamente intacta su decoración art nouveau de principios del siglo XX: las mesas, los espejos, algunos cuadros. Allí están también las gráciles e inquietantes ruinas  del convento do Carmo, con las heridas sufridas en el terremoto de 1775 a cielo abierto.

El conjunto de calles que llevan al Barrio Alto componen el Chiado, un barrio encantador y lleno de vida

Al convento do Carmo podemos llegar a través de uno de los dos transportes de juguete que nos elevan al Barrio Alto: el coqueto ascensor de Santa Justa, construido por el ingeniero Eiffel. La otra opción para subir descansado al Barrio Alto es el Elevador da Gloria: un pequeño funicular decimonónico que nos transporta en un suspiro hasta otro de los grandes miradores de la ciudad, el de la calle de San Pedro de Alcántara.

ascensor santa justa lisboa

Ascensor Santa Justa, Lisboa

Alfama

Pero Lisboa no se agota nunca. Y cambiando de tercio completamente, en el otro extremo de la Baixa, nos esperan las callejuelas, patios, iglesias y, sobre todo, empinadas cuestas del popular barrio de Alfama: la madre del fado, la zona que figura una y otra vez en las guías, cuyos habitantes soportan con estoicismo e indiferencia la permanente riada de extraños que inundan su mundo año tras año. No hay plano que sirva para recorrer este animal mitológico que aún conserva su vieja traza medieval. Pero, sin duda, y a pesar del tópico, hay que perderse en él. Pasearlo arriba y abajo, en bullicio constante, merece la pena.

Por supuesto, Alfama cuenta con sus miradores, un requisito casi imprescindible de cualquier barrio de Lisboa. El más célebre y concurrido es el del imponente castillo de San Jorge. Desde allí la ciudad despliega todos sus encantos sin ningún tipo de pudor, continuando sus barrios medievales en los neoclásicos, trepando por las colinas, mostrando su rostro ordenado en la Baixa, precipitándose hacia el río en Alfama, abriéndose a un Tajo que es casi mar en el Terreiro do Paço.

La Sé, o catedral medieval, se encuentra justo al pie de la colina donde se yergue el castillo. No lejos queda la que muchos consideran la vista panorámica más hermosa de Lisboa, la del mirador de Santa Luzia: una pendiente escalonada con mayólicas del siglo XVIII con una monumental buganvilla. Y a unos cuantos metros, hay una pequeña calle, que escapa incluso a las mejores guías: la rua da Saudade, desde la que se tiene otra panorámica excepcional. Sin duda, mi favorita. Aquí la mirada abarca toda la ciudad, la enorme desembocadura del Tajo, y un poco más adelante, el océano y el horizonte infinito. El mejor momento para acercarse a este tranquilo rincón de Alfama es, obviamente, el atardecer. Pero se prestan perfectamente también ciertas tardes de niebla atlántica, cuando sobre la ciudad desciende un velo y se encienden las farolas.

mirador santa luzia Lisboa

Vista panorámica desde el mirador Santa Luzia, Lisboa

 Belém

Para terminar este caprichoso paseo por la capital portuguesa, nos alejamos del centro. En busca de la desembocadura del Tajo, llegamos al barrio de Belém. Otra Lisboa, volcada sobre el río y de calles amplias y despejadas. Allí siguen en pie las dos joyas arquitectónicas de la ciudad, ambas de estilo manuelino: el monasterio de los Jerónimos y la torre de Belém.

El monasterio, con su impresionante claustro, sus alargadas perspectivas, y la filigrana blanca de su piedra, resulta diferente de cualquier otro que uno haya podido ver. La torre, construida en su momento en medio del agua, pero ahora pegada a tierra por los cambios en el curso del río, igualmente blanca, es un pequeño monumento y un gran prodigio con alma de fortaleza medieval y gracias de palacio renacentista.

Torre y monasterio son dos símbolos de la ciudad, dos emblemas de los grandes tiempos de Portugal. Tanto su emplazamiento como su estilo arquitectónico recuerdan la época de los grandes descubrimientos. Me refiero al siglo de Vasco da Gama y Pedro Álvarez Cabral: los años en que Lisboa se convirtió en el primer centro comercial de Europa. No puede irse uno sin visitarlas.

torre de Belem Lisboa

Torre de Belém, Lisboa

Los azulejos, cuyo uso para cubrir fachadas y paredes, constituye quizá la más valiosa herencia de los árabes, son una seña de identidad de Lisboa, igual que las perspectivas marítimas o los viejos tranvías amarillos. Y como recuerda Muñoz Molina, algunos de los más bellos pueden verse en la estaciones de metro.

Dos Museos de Lisboa

El metro, precisamente, es la mejor manera de llegar a la Fundación Gulbenkian. Un museo extraordinario para ser una colección privada, con una arquitectura y un jardín perfectamente diseñados para alentar el disfrute de los tesoros que contiene: desde una copa de alabastro egipcia de casi tres mil años de antigüedad hasta cuadros impresionistas, pasando muy especialmente por el arte islámico y chino.

Pero el principal museo de la ciudad,  y una visita obligada si queda tiempo, es el de Arte Antiguo. Allí, además de excelentes cuadros de Durero o el Bosco, podemos ver la obra maestra de la pintura portuguesa: el políptico de La Adoración de San Vicente de Nuno Gonçalves. Una verdadera maravilla del siglo XV y un auténtico quién es quién de la sociedad portuguesa de la época.

museo Gulbekian Lisboa

Museo Gulbekian, Lisboa

Amo Lisboa. La he visitado en múltiples ocasiones. Varias veces desde Peniche. La última, de paso a Ericeira. Y podría estar días escribiendo sobre ella. Pero nos esperan otros destinos.

Mafra, el Escorial portugués

A solo diez kilómetros de Ericeira, y a treinta y nueve de Lisboa, encontramos la pequeña ciudad de Mafra, marcada por el fastuoso sueño del rey Joao o Juan V. Se trata del mayor hito de la arquitectura barroca de Portugal: un conjunto monumental que reúne palacio, convento, biblioteca y bosque.

La excepcionalidad de esta construcción de dimensiones abrumadoras es su unidad arquitectónica. Los mismos arquitectos que iniciaron el proyecto en 1717 lo acabaron en 1755. El mismo monarca colocó la primera piedra y asistió a la consagración de la  gran basílica. Y todo se conserva como entonces.

Palacio Nacional Mapfra

Palacio Nacional Mafra

Hay que verlo. Y después de la visita, hacer una excursión a La Tapada, antiguo y bello bosque real. Hoy Parque Nacional, cubre  más de ochocientas hectáreas en los aledaños del palacio. Un patrimonio natural único.

Sintra, una ciudad de cuento

Y estamos en Sintra, el magnífico refugio de la corte y la aristocracia lisboeta durante los rigores estivales. Si hay una ciudad que pueda considerarse en su conjunto un lugar de cuento, esa es, sin duda, ésta.  Probablemente, la mayor concentración de mansiones y jardines por metro cuadrado de todo Portugal.

Una primera aproximación a este privilegiado rincón de la Península Ibérica comenzaría en el Palacio Nacional. Situado en pleno casco antiguo, es el más veterano de los palacios reales de Sintra y uno de sus principales iconos. Destacan sus extravagantes chimeneas cónicas. Y como todo palacio real que se precie, cuenta con un abrumador interior: un laberinto de estilos arquitectónicos como una ancha playa donde las mareas del tiempo han dejado sus restos. Primero, el palacio gótico del rey Dinis. Después, las ampliaciones decididas por Juan I. Más tarde, las impulsadas por Alfonso V y Juan III. Y, al fin, las imaginadas por Manuel I, que mandó construir el ala este, de un singular aroma morisco.

Si hay una ciudad que pueda considerarse en su conjunto un lugar de cuento, esa es, sin duda, Sintra

El otro gran símbolo de Sintra es el singular y extravagante Palacio da Pena: una construcción de cuento de hadas perfectamente integrada en el paisaje denso y escarpado. Hay quien lo ha descrito como un cruce delirante de estilos levantado con pocos pies y ninguna cabeza. Pero sin él la Sierra de Sintra no sería lo que es.

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Palacio da Pena, Sintra

Por el camino que sube al Palacio da Pena encontramos la última gran referencia visual de Sintra: el castillo de los Moros, desde el que se contemplan unas vistas espectaculares del  Palacio da Pena, del pequeño núcleo histórico de la ciudad y del océano Atlántico. Antiguo fortín musulmán, el castillo está construido sobre un espeluznante peñasco. Y da a la Sierra un aire mágico, acentuado por la espesa niebla que desdibuja con una gasa de melancolía los perfiles románticos de Sintra.

Por supuesto, en Sintra abundan las quintas, palacios y jardines. Pero más allá de cualquier descripción puntual de sus encantos, la mejor recomendación para disfrutar de esta ciudad es pasearla. Perderse una y otra vez, y descubrir sus mil rincones escondidos. De noche uno puede tropezarse con viejas mansiones fantasmagóricas e inquietantes.

Cabo da Roca

A media hora de Sintra en coche está Lisboa. A 20 minutos, Cascais y Estoril, pioneras del turismo, con sus bahías doradas, sus novelas de espías de la Segunda Guerra Mundial y todo el glamour del Casino. Y más cerca aún, a tan sólo dieciocho kilómetros, una parada ineludible en todo viaje a Lisboa. El Cabo da Roca, el punto más occidental de Europa. Un lugar inhóspito y remoto donde el Atlántico ruge de manera ensordecedora. Desde su mirador se disfruta de una excepcional puesta de sol. Y también puede intentarse ver ese último rayo verde del sol poniente, caro a Julio Verne y a Eric Rohmer. O aquel otro dorado y más fulgurante que  hace que hasta el más humilde de los pescadores reme por fin con remos de oro.

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Cabo da Roca

Praia do Guincho

Acantilados abruptos. Playas azotadas por el viento. Palacios y quintas solitarias. Faros que avisan a los navegantes con su luz intermitente… El viaje continúa por la carretera panorámica que bordea la costa hasta la Praia do Guincho, otra de las principales referencias surferas de Lisboa.

La capital portuguesa tiene infinidad de playas cercanas. Pero para los surfistas la más especial, después de Ericeira, y también la más próxima, es la de Guincho.  Se trata de un extenso y hermoso arenal ametrallado por las olas. Salvaje, agreste, vivísimo.

Desde Cabo da Roca puede contemplarse una excepcional puesta de sol, y también puede intentarse ver el mítico rayo verde

El viento se despacha a gusto sobre Guincho. La arena te fustiga sin piedad. Y el agua te hiela una y otra vez. Pero no importa. Las olas son buenas – entre uno y dos metros –, consistentes y te permiten realizar soberbios botton turns. Por si esto fuera poco, el lugar cuenta con un chiringuito situado en alto – el Bar do Guincho – donde hacia el final del día, cuando se acerca la hora de las cervezas y la cena, uno comprende que la felicidad puede ser un don accesible.

praia do guincho lisboa

Praia do Guincho

GUÍA PRÁCTICA VIAJE SURF ERICEIRA PORTUGAL

¿Cuándo ir a Ericeira?

La mejor temporada para ir a Ericeira  es de octubre a abril. Durante esos meses los oleajes del norte y del noroeste empujan con virulencia, combinándose con los vientos del sudeste y generando un flujo de viento de mar que saca chispas a las rompientes. Si prefieres olas más suaves, los meses que van de mayo a agosto son la opción ideal.

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¿Cómo llegar a Ericeira?

Si tomamos Lisboa como punto de partida de la ruta, el acceso más directo a Ericeira es por la autovía A8. Después, hay que tomar la salida hacia Mafra/ Malveira y continuar por la A21 hasta llegar al pueblo de Ericeira. Desde Lisboa a Ericeira se tardan aproximadamente 40 minutos. En total 48.3 km de recorrido.

desde lisboa a Ericeira

desde Lisboa a Ericeira

Si viajas en transporte público: Lisboa está conectada con Ericeira por medio de servicios regulares y muy económicos de autobús a cargo de la operadora de autobuses Mafrense.

¿Qué tabla me llevo para hacer surf en Ericeira?

Si está pensando en irte de surftrip  en agosto o septiembre te recomendamos una tabla anchita, con buen volumen. O uno de los nuevos Softboards de Mick Fanning, que te permitirán disfrutar del surfing a diario. Otra buen opción para las olas de verano es el Twin fin. Desde  En el Pico nos hemos declarado abiertamente Twin Fin adictos. Y es que este tipo de tabla ofrece todo tipo de bondades como las que os contábamos en el artículo twinfin la mejor tabla de surf de verano.

Si eres de los que sueña con olas verticales, rápidas y tuberas como las que da Ericeira entre octubre y marzo, nuestra recomendación es la Pukas 69er, cuya review podéis disfrutar aquí. Otro modelo de tabla muy bueno para surfear  esos meses en Ericeira es la Dark de Pukas. Una tabla de surf polivalente y rápida. Por algo ha ganado el premio a segunda mejor tabla de surf 2019 no? Para más información sobre esta tabla, echa un vistazo a nuestra review.

Recuerda que, básicamente, surfearás sobre arrecife de roca, así que unos escarpines no te vendrán mal.

El tiempo en Ericeira

Ericeira goza de veranos cálidos, secos y mayormente despejados. Los inviernos son fríos, húmedos y parcialmente nublados, y suele haber bastante viento durante todo el año. La temperatura media varía de 9 °C a 26 °C y rara vez baja a menos de 6 °C o sube a más de 32 °C.

¿Qué traje de neopreno llevo para hacer surf en Ericeira?

Las playas de Ericeira son puro Atlántico. Es decir, el agua está fría incluso en verano. De ahí que  necesites un traje de 3/2 mm en cualquier época del año. Pero si decides escaparte de surftrip en la mejor temporada de olas  no olvides llevar un neopreno de 4/3 mm. O incluso de 5mm. Nuestra recomendación el modelo Hyperfreak de O´Neill. Mejor traje de neopreno 2019 y nuestro traje de surf favorito.

Puedes leer nuestra review completa sobre este traje de neopreno aquí.

Dónde comer en Ericeira

En el restaurante Esplanada Furnas, sinónimo de pescado recién capturado, ya solo las vistas al mar dejan saciado. Mar à Vista es un local pequeño y austero que tiene un marisco excelente y un arroz o feijoada  estupendo. A Canastra, con una terraza a pocos metros del mar, la gente va a comer pescado a la brasa y caldeiradas. Y al KFÉ, apenas más grande que un zaguán, a tomar el mejor café de Ericeira.

Dónde dormir en Ericeira

Blue Buddha Beachhouse, en el extremo norte del núcleo histórico, es lo más parecido a tener una casa en la playa. También con increíbles vistas, esta vez a la hermosísima Praia D´Ilhas, la Casa Paço D´Ilhas, que ocupa una casa tradicional del siglo XIX convertida en espacio de ensueño:  cuatro habitaciones de lujo, dos dormitorios más económicos, una cabaña, un amplio jardín común, una piscina y un bar. Más asequible a los bolsillos menos afortunados es Ericeira Camping. Desde allí se puede ir andando tanto al centro del pueblo como a las playas.

Cómo moverse 

La mejor forma e moverse en Ericeira y poder visitar las distintas playas y spots de surf es en vehículo propio. Una furgoneta o autocaravana es otra excelente opción para hacer un viaje de surf a esta zona de Portugal.

Dónde comer en Lisboa

Por último, una recomendación personal para comer Lisboa: O Bitoque, en el Campo de Ourique. Es un establecimiento pequeño,  con un comedor como de juguete. La especialidad es el bistec de ternera a la plancha con un huevo encima. Pero también tienen un prodigioso arroz de pulpo.

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