Biarritz, surf en el lugar mas chic de Francia

Playa de reyes, ciudad de las ruletas y de los hoteles palaciegos, Biarritz es también una de las capitales europeas del surf. Fue aquí, en la Grande Plage,  donde el surf echó a andar en el Viejo Continente. Y es aquí, en la bella urbe del Hotel du Palais,  donde se celebra uno de los eventos más célebres del planeta surf: el Biarritz Surfing Festival. No en vano el New York Times ha rebautizado Biarritz como la California francesa.

POR E.TORRICHELI

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De Biarritz se dice, con razón, que es un invento de la emperatriz Eugenia de Montijo. Fue ella la que, conocedora de los hermosos acantilados, playas y dunas desiertas que se extendían entre Bidart y Bayona, insistió cerca de Napoleón III  con el fin de que diera su apoyo a la creación de un centro de veraneo con toda clase de atractivos para personajes de alta alcurnia nacionales y extranjeros. El corazón y el cimiento de aquel proyecto que acabaría transformando un viejo puerto ballenero en la ciudad más elegante de Europa  fue la residencia estival del imperial matrimonio: Villa Eugenia, convertida en el Hotel Du Palais en 1893.

Hoy, Biarritz conserva parte de aquel glamour que, durante años, cautivó a príncipes, aristócratas, millonarios y artistas de medio mundo. Siguen allí el Hotel Du Palais, los casinos, los palacetes de la Belle Epoque, las playas, las viejas casetas de bañistas, los soberbios paseos junto al mar… Pero su principal reclamo ya no es el baile segundo imperio, ni los valses de fin de siglo ni el charlestón de los tiempos de Charles Chaplin; es el surf.

Pompa, glamour, sí, pero sobre todo olas y azulísimos vientres tubulares. Momentos de diversión pura sobre la espuma. Eso es lo primero que nos acude a la mente cuando pensamos en Biarritz

Sí, Biarritz es un lugar único para hacer surf. No hay nadie que haya pisado la Grande Plage y no haya sucumbido a la magia de surfear con el majestuoso Hotel Du Palais  como telón de  fondo. Las olas aquí suelen ser encrespadas y con forma de cuña, ideales para actuaciones memorables. Y claro, Biarritz suele ser más clemente que la vecina Hossegor, otro sueño, pero con barrels más agresivos.

¿Qué ver en Biarritz?

“No conozco lugar más encantador y magnífico que Biarritz”, escribió Victor Hugo. El autor de Los miserables hablaba, por supuesto, de la ciudad del Segundo Imperio, cuando Napoleón III y Eugenia de Montijo eran mucho más que un recuerdo. Pero sus impresiones no han cambiado. Biarritz, con todo el glamour de su casino y del Hotel Du Palais, es una ciudad encantadora.

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Hotel du Palais Biarritz

Hay que visitar la iglesia ortodoxa rusa, colmo del exotismo. Y, por supuesto, entrar en el Hotel Du Palais para sentir el hechizo fascinante de la historia. El Museo del Chocolate es una magnífica compensación para una tarde sin olas. Y si viajas con niños, ahí está el Acuario, una alternativa perfecta a la playa.

Biarritz está un salto en coche de Anglet, otro coto surfero de Francia. Muy cerca se encuentra también Bidart, un pueblo de manual, sobre una cornisa desde la que se divisa gran parte de la costa vasco-francesa. Otra alternativa a un día malo de olas es Bayona, que conserva parte de sus viejas murallas y un evocador casco histórico sobre el que descuellan las agujas de su catedral gótica.

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Anglet

Anglet

No olvides

No olvides que Biarritz  es una ciudad especialmente cara. Un fin de semana aquí puede salirte un ojo de la cara.

¿Dónde dormir en Biarritz?

El sueño de todo viajero que se acerca a Biarritz es alojarse en el Hotel Du Palais, refugio de todas las exquisiteces y todo el confort. Pero una opción más realista es el pequeño Hotel Mirano, de alegre decoración setentera y atención personalizada. Otra opción, con una aceptable relación calidad-precio, es el  Hotel Le Bellevue, a un salto de la playa.

Historia del surf Biarritz 

Además, Biarritz está lleno de historias; es el paisaje donde todo empezó. Porque la ciudad por donde desfiló lo más encopetado de la aristocracia europea y el Hollywood más estelar fue también la puerta de entrada del surf en Europa. Aquí se surfeó la primera ola; una primera ola que se remonta al año 1957, cuando el escritor y guionista Peter Viertel aprovechó el final del rodaje de  Fiesta – la adaptación cinematográfica de la célebre novela de Hemingway ambientada en los sanfermines –  para plantar su tabla en la Grande Plage.

peter viertel

Peter Viertel

 

Yo le había comentado a Dick ( Richard Zanuck, hijo del que por entonces era ni más ni menos que el vicepresidente de la 20th Century Fox) que había en Biarritz playas cuyas olas me parecían más que propias para el surf, y que, tras ir a Pamplona, podíamos pasar allí un par de semanas”, recordaría Viertel casi cincuenta años después en artículo publicado para El País.

“El agua estaba más fría que en Hawai, en donde la temperatura era similar a la de Santa Mónica, y la resaca del Atlántico era aún más traicionera. No era aquel el paraíso de un surfista, aunque tampoco distaba tanto en serlo”, contaba Viertel. Y añadía: “Recuerdo que antes de finalizar ese primer verano constituíamos ya un grupo formidable de adictos, de atléticos jóvenes de París, Las Landas y las playas vecinas del norte de España”.

En efecto, la semilla quedó plantada aquel verano, y el surf arraigó en Francia. Se fundaron clubes, se organizaron campeonatos. Y así hasta hoy, en que las olas de Biarritz son el principal reclamo turístico de la elegante  ciudad aristocrática creada a la sombra de la emperatriz Eugenia de Montijo.

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