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La Ola de Santa Marina

santa marina surf

La derecha de la Isla de Santa Marina, un sueño solo al alcance de los más expertos

No hay otra ola igual en Cantabria. Se trata de la gran ballena blanca  de la Reserva de Surf de Ribamontán al mar: una derecha de calidad excelente, muy larga y potente, que puede aguantar, perfectamente, los cinco metros. Hablamos de la ola de la isla Santa Marina, un spot  salvaje, cargado de energía, donde la mejor sesión, la experiencia más intensa, cabalga justo al lado de la peor aniquilación. El Cantábrico en su versión más heavy. Puro realismo mágico. Nuevo capítulo de nuestra nueva sección, ATLAS DE OLAS MÍTICAS.

POR GUILLERMO GATSBY

Hay surfistas que persiguen el fetiche de la perfección. La ola perfecta. Pero, como dice William Finnegan, esa ola no existe. Y es que las olas no son objetos estáticos fijos en la naturaleza, como los árboles o las montañas. “Son hechos fugaces y violentos que se producen  al final de una larga cadena de acciones provocadas por tormentas y reacciones marinas”. Sí, incluso las rompientes más simétricas tienen sus manías y un carácter completamente autóctono  que cambia con cada alteración  de las mareas, el viento o el mar de fondo. Por eso, los mejores días en los mejores picos tienen un cierto aire platónico.

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Miguel Welsh en el Santa Marina Challenge 2020 – Fotografía: Edu Bartolomé

Platónicos, precisamente, – además de peligrosos – son, sin duda, los mejores  días en la isla de Santa Marina, spot de calidad mundial situado a la vista de Santander.  Se trata de una de las olas más míticas del Cantábrico, una derecha monumental,  larga y potente que rompe sobre arena y roca y puede  alcanzar los cinco metros.

Pura adrenalina, pero solo al alcance de los más expertos. Y es que esta derecha superlativa es un regalo de la naturaleza que hay que saber leer muy bien si no quieres llevarte el plastazo de tu vida. Ya se sabe, como en toda ola XXL, la mejor cabalgada ocurre justo al lado de la peor aniquilación posible.

Aritz Aranburu, el surfista  que reina en Santa Marina

Por supuesto, el número de surfistas que han disfrutado y aún disfrutan la ola de la isla de Santa Marina con estilo, potencia e inteligencia no es pequeño. Michel Velasco, David Echagüe, Nano Riego, Miguel Gutiérrez , Óscar Gómez, Borja Beraza, Guillermo Gutiérrez o Juan Merodio destacan entre los locales. Y tipos como Eneko Acero, Indar Unanue o Gony Zubizarreta, entre los invitados al Rip Curl Santa Marina Challenge, evento organizado por el veterano Pablo Gutiérrez.  Pero si tuviéramos que elegir uno, nos quedamos con Aritz Aranburu. Nadie domina este spot como él. Sus tres diez en el  Rip Curl Santa Marina Challenge del 2020 se recuerdan como la sesión más épica jamás vista en La Isla.

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Aritz Aranburu ganador del Santa Marina Challenge 2020

LA MEJOR ÉPOCA  PARA CABALGAR LA OLA DE LA ISLA DE SANTA MARINA

La mejor época para hacer surf en la Isla de Santa Marina es de otoño e invierno. De cualquier forma para asegurarte un baño en esta ola, te recomendamos que revises la previsión de olas en windguru Loredo y que eches un vistazo al surf forecast  de la playa de Loredo.

Si viajas en autocaravana o furgoneta camper por Cantabria, no dejes de leer las Mejores Rutas de Cantabria en Autocaravana.

OTRAS PLAYAS PARA HACER SURF EN RIBAMONTÁN AL MAR

No hace falta repetir  que éste es un spot muy serio, selecto y exigente, sólo al alcance de los más valientes entre los valientes. El Big Surf exige preparación y experiencia. Hay que estar muy entrenado para afrontar olas XXL. Pero si el tamaño de La Isla se te atraganta y quieres algo más light, Ribamontán  tiene una oferta perfecta para todos los gustos. No por nada cuenta con la etiqueta de Reserva del Surf:

PLAYA DE SOMO, RIBAMONTÁN AL MAR 

Es el perfecto ejemplo de playa con vistas. Al fondo, en el horizonte, se ve la península de la Magdalena, en Santander, donde se levanta el majestuoso palacio donde pasaban sus veranos Alfonso XIII y Victoria Eugenia de Battenberg. También se puede ver la isla de Mouro con su faro. Y ya en la cercanías de Loredo, la isla de Santa Marina.

Pero la playa de Somo no sólo es paisaje. Somo es surf, la cuna del surf en Cantabria, uno de los lugares más queridos por los surfistas de la región, un beachbreak idílico. Y esto por  una simple razón: olas todos los días el año, aptas para todos los niveles. Destacan tres picos: La Curva, izquierdas y derechas largas; El Camping, izquierda larga y potente; y El Barco, el más variable.

Playa de Somo Cantabria
Playa de Somo

PLAYA DE LOREDO, RIBAMONTÁN AL MAR

Se trata de la extensión natural de la playa de Somo. Sus olas son aptas para surfistas de todos los niveles y perfectas para aprender a cabalgar sobre ellas.

Playa de Loredo Cantabria
Playa de Loredo – Fotografía: Anna Palomo

PLAYA DE LANGRE, RIBAMONTÁN AL MAR

Una de las playas más bellas de Cantabria. Y eso son palabras mayores. Se trata de un imponente anfiteatro arenoso y salvaje rodeado de hermosos acantilados de casi treinta metros de altura, por los que asoman las vacas que pastan tranquilamente. Antes había que descender hasta la arena por un sendero abrupto. Hoy hay una escalera que facilita el acceso.

Hay quien dice que la playa de Langre es un mordisco que el Cantábrico le dio a los prados. Y en verdad, lo parece. Sus olas y su paisaje conforman un conjunto ideal para iniciarse en el surf.

Playa de Langre Cantabria
Playa de Langre

PLAYA DE GALIZANO, RIBAMONTÁN AL MAR

Una playa realmente mágica, con un encanto rural indefinible. Aquí, con buenas condiciones, encontrarás olas divertidas de izquierda y derecha para todos los niveles. Y para expertos, una ola derechas que rompe en el extremo de la playa generando tubos y secciones muy verticales.

Playa de galinazo cantabria surf
Playa de Galinazo

MÁS QUÉ SURF. QUÉ VISITAR CERCA DE RIBAMONTÁN AL MAR: DE SANTANDER A SAN VICENTE DE LA BARQUERA

Hay quien dice que la mayor belleza de Cantabria  reside en su interior. Y es verdad que las comarcas interiores, con esos océanos de niebla que envuelven los valles y esos inviernos que se prolongan por espacio de casi diez meses,  son, quizá, las más genuinas de Cantabria. Pero la costa y los pueblos marinos no son menos bellos y seductores. Pensemos, por ejemplo, en la capital, Santander, sin duda una de las ciudades más bellas de España. ¿Y qué decir de San Vicente de la Barquera? Allí,   desde la misma playa, uno puede contemplar en la lejanía los Picos de Europa, nevados durante la mayor parte del año.

Sí, el encanto del interior se prolonga en la costa. Acantilados, playas, peñascos… Tal es la magia de la cornisa cantábrica  que a un salto de Santander aparecen las Cuevas de Altamira para recordarnos la manera en que miraban el mundo los pueblos cazadores del Paleolítico, o Santillana del Mar, asombroso brote surgido de la Edad Media.

San Vicente de la Barquera Cantabria
San Vicente de la Barquera – Fotografía: Jesús Romero

Nuestros amigos de Viajarenautocaravana.pro  nos aconsejan la siguiente ruta, que empieza en Santander  y termina en San Vicente de la Barquera. Por el camino, Santillana del Mar, Comillas, el Parque Natural de Oyambre y dos pueblos de neto sabor montañés, Barcena Mayor y Tudanca. Ruta, por tanto, que combina el mar y la montaña. De oriente a occidente.  Ruta también de raigambre religiosa, unida al primer Camino de Santiago; aquel que bordeaba la cornisa cantábrica y guardaba los pasos del peregrino en los tiempos en que la Reconquista aún no había extendido los límites cristianos al sur del valle del Ebro.

Santander ciudad Cantabria
Puerto Santander

SANTANDER

Capital de la verde Montaña, ciudad amable, cosmopolita y elegante, Santander se asoma al bravo Cantábrico desde los acantilados grises y las playas de fina arena.

Decía Josefina Molina que si fuera alcaldesa cerraría sus entradas por tierra y obligaría a entrar en Santander desde el mar: “Los barcos llegarían llenos de gente y un edicto marcaría que navegaran de noche, cuando su belleza te impacta y te sobrecoge”.  Estoy de acuerdo  Santander es una ciudad bellísima de día y de noche, pero su verdadero hechizo está al anochecer.

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Bahía de Santander de noche – Fotografía: Marcos Marcial

Qué ver en Santander

La Catedral, la Plaza Porticada, la calle de los Azogues, el paseo de Pereda, la avenida de la Reina Victoria, las playas del Sardinero, la Península de la Magdalena y los Jardines de Piquío son, por sí solos, ineludibles puntos de referencia que avalan la belleza de la capital cántabra.

Paseo Pereda Santander Cantabria
Paseo Pereda

La catedral. Del siglo XIII en estilo gótico. Azorín adoraba la sencillez de este templo. “La catedral de Santander, escribió, “es sencilla y pequeña; mas en su misma pequeñez y austeridad tiene un poderoso atractivo que no poseen aquellas otras suntuosas y anchas”. Es cierto. Abajo, en la cripta del Cristo, podrás ver, además, los vestigios de las termas romanas.

La Plaza Porticada. Se construyó después del pavoroso incendio que, en 1941,  arrasó la mayor parte del casco viejo. Terrazas, comercios antiguos y modernos, el reloj del Ayuntamiento, que más que dar las horas parece cantar…

Plaza porticada Santander Cantabria
Plaza Porticada

El Paseo Pereda. Se llama así en recuerdo del novelista del siglo XIX José María Pereda. Se trata de un paseo de gran categoría que corre paralelo a la bahía. Allí está el Casino, construido en 1913 para competir con los grandes casinos europeos, y también la sede central del Banco Santander, un edificio catedralicio, con un arco de triunfo en medio que supera a los de Roma.

El Paseo de la Reina Victoria sigue el de Pereda rumbo a la Magdalena. Pasear aquí sin prisas, mientras va cayendo la tarde, es uno de los platos fuertes de Santander.

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Casino de Santander

Y llegamos a la Península de la Magdalena. Como dice García de Cortázar, la Magdalena es muchas cosas.  Es una playa; es una diminuta península que se introduce calmosamente en el mar; un jardín con unas vistas memorables; y un palacio de estilo inglés que resume toda una época, la época de los veranos de Alfonso XIII y Victoria Eugenia de Battenberg. Hoy el palacio es la sede la Universidad Internacional Menéndez Pelayo.

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Palacio de la Magdalena

El Sardinero y los Jardines del Piquío. Las playas del Sardinero están entre las playas urbanas con más solera de España. Allí encontramos también uno de los lugares más evocadores de Santander: los Jardines del Piquío, con sus altísimas palmeras y olmos centenarios.

Y puesto que hablamos de hitos, resulta imposible no mencionar la senda que lleva del Sardinero al Faro de Cabo Mayor, un paseo entre playas y acantilados difícil de olvidar. Junto al Faro, fabuloso rompeolas natural,  hay un bar desde el que despedir el día con una copa y vistas marinas.

Faro de Cabo Mayor Santander Cantabria
Faro de Cabo Mayor – Fotografía: Pedro Marauri

PLAYA DE COVACHOS Y PLAYA DE ARNÍA, LA COSTA QUEBRADA

El Parque Geológico de la Costa Quebrada comienza en la playa de la Magdalena de Santander y termina en la playa de Cuchía, en Miengo. Por el camino, una maravilla de paisajes donde el mar ha creado un conjunto de estructuras y formas que nadie debería perderse. Sólo el nombre, Costa Quebrada, ya anuncia el tesoro que espera al viajero: acantilados, dunas, islotes, playas de aguas cristalinas… Nosotros aconsejamos dos paradas : Covachos y Arnía.

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Dunas de Liencres – Fotografía: Maite Von Thode

Playa de Covachos. A diez kilómetros de Santander. Es un lugar único, una espléndida media luna de apenas 50 metros, con un arroyo que se precipita en cascada desde el acantilado que la rodea y una isla, la del Castro, que aparece y desaparece con la marea, ya que está conectada a la playa durante la bajamar.  A su alrededor, prados donde pasta el ganado libremente. Y muy cerca, el espectacular Parque Natural de las Dunas de Liencres, un paisaje mitad arbolado mitad arenoso, flanqueado por la costa agreste y por la desembocadura  del río Pas.

Playa de Covachos Cantabria
Playa de Covachos

Playa de Arnía. Está a un salto de la de Covachos, siguiendo la carretera  CA 231. Acantilados azotados por las olas, un pequeño arenal de 100 metros atravesado de soberbios farallones, aguas cristalinas… Hay pocos lugares en Europa como esta playa. Sobre todo cuando cae la tarde y los colores del crepúsculo subrayan el halo mítico que envuelve las rocas afiladas y verticales que sobresalen del mar.

Playa de la Arnía Cantabria
Playa de la Arnía

SANTILLANA DEL MAR

Cualquier calificativo se queda corto ante la belleza de este pueblo popularmente conocido como la villa de las tres mentiras, porque Santillana del Mar ni es “santa” ni es “llana” ni tiene mar. A propósito de ella,  Jean Paul Sartre escribió: “Una verdadera reliquia de la vida del hombre”.

Y es verdad. Santillana del Mar envuelve al viajero como una niebla  surgida de la época de las Cruzadas. Su traza medieval, sus palacios y casonas con viejos escudos nobiliarios, sus calles empedradas, el parador Gil Blas, la Torre del Merino, la Colegiata, el palacio de los Borja, con su magnífico arco de ojiva… Sí, uno podría pensar que realmente esta en la Edad Media si no fuera porque el pueblo está limpio,  no huele a estiércol y decenas de comercios asoman sus géneros a las puertas de antaño para atraer la atención de los turistas.

Calle principal Santillana del Mar Cantabria
Calle principal Santillana del Mar

Qué ver en Santillana del Mar

Lo mejor de Santillana del Mar es entregarse perezosamente a recorrer la calle principal y su bifurcación en forma de brazos desiguales, el más largo de los cuales desemboca en la plaza de la Colegiata. Y claro, el paseo debe completarse con la visita a este bellísimo templo que conserva su original factura románica.

Colegiata exterior santillana del mar cantabria
Exterior Colegiata

Ya el exterior es deslumbrante. Pero la joya de esta vieja abadía está en el claustro, un espacio embrujado de poesía, arte y meditación. Hay que detener la mirada obligatoriamente en los maravillosos capiteles de las columnas que sustentan los arcos de medio punto. Son un prodigio: escenas del Calvario, martirios, fiestas y cacerías, asuntos religiosos y profanos, flores, pájaros, corceles, frailes y guerreros… Una vida profunda se escapa de ellos, que dijo el poeta y novelista Ricardo León. Del claustro entero, lugar mágico donde la muerte parece que tiene una expresión de eterno vivir.

Interior Colegiata de Santillana del Mar Cantabria
Claustro Colegiata de Santillana del Mar

CUEVAS DE ALTAMIRA

Pero el viaje continua. A dos kilómetros escasos de Santillana nos espera otra sorpresa, otro túnel del tiempo: la Capilla Sixtina del Paleolítico, una cueva donde los bisontes, ciervos y jabalíes de hace quince mil años siguen pastando hierba, las pinturas rupestre de Altamira.

Bisonte Altamira Cantabria
Bisonte cuevas de Altamira

El acceso a la cueva original está restringido a los estudiosos para evitar el deterioro de las pinturas, pero la visita a la Neocueva, reproducción fidedigna que puede verse en el Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira, merece el desvío.

Como en algunas novelas, allí uno se ve sumergido en dos planos temporales muy alejados entre sí que acaban constituyendo una sola trama. El primero de ellos dura, asombrosamente, unos quince mil años, y se corresponde con el momento en que se pintaron esos bisontes vigorosamente trazados sobre la pared rocosa. El segundo relato es mucho más cercano: empieza en 1789, cuando una niña que acompaña a su padre en la exploración de una cueva mira hacia el techo y ve algo en lo que el padre no ha reparado, unas figuras de bisontes rojizos. “¡Mira, vacas!”, cuentan que exclamó.

COMILLAS

Muy cerca de Santillana del Mar, a menos de 20 kilómetros, se encuentra la bella y señorial Comillas. Conocida como la “villa de los arzobispos”, por haber nacido en ella hasta cinco prelados, Comillas debe su fama, sin embargo, al capricho de un indiano, don Antonio López y López, que dedicó su fortuna amasada en Cuba a embellecerla.

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El capricho de Gaudí

Qué ver en Comillas

El Palacio de Sobrellano, la Capilla-Panteón  de los marqueses de Comillas y la Universidad Pontificia son los lugares más representativos del  esfuerzo del primer marqués por embellecer su pueblo natal.

A estos edificios de estirpe modernista hay que sumar, por supuesto, el Capricho, colorido palacete que levantó Gaudí para don Máximo Díaz de Quijano, cuya afición al piano inspiró el nombre de la residencia.

Para terminar la ruta modernista que propone Comillas hay que visitar el cementerio, bello como pocos, custodiado por  una una escultura del Ángel Exterminador, obra de Josep Llimona, y con vistas al mar.

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Cementerio de Comillas

EL RAYO VERDE Y CURVA DE OYAMBRE

Antes de desviarnos hacia el interior, en dirección al valle de Cabuérniga, hay dos visitas ineludibles. La primera el Rayo Verde, una colina situada en Comillas, única por sus vistas al Parque Natural de Oyambre y a las playas de san Vicente de la Barquera, con su castillo y los Picos de Europa como telón de fondo. La segunda, la famosa Curva de Oyambre, en la boca de la sinuosa ría de Rabia.

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Vistas desde el Rayo Verde

VALLE DE CABUÉRNIGA Y BARCENA LA MAYOR

El Valle de Cabuérniga, menos abrupto que la Liébana y sin sus cumbres monumentales, es un auténtico paraíso lleno de hayedos y robledales donde pastan el ciervo y el corzo, y donde las aves rapaces vuelan alto y solemne. Aquí, como en general en toda la Montaña, los pueblos son particularmente afortunados en lo que se refiere a la conservación de su arquitectura popular.

Cabezón de la Sal, Carrejo y Ruente son el entrañable preludio a uno de los pueblos más famosos de Cantabria, Barcena Mayor, lugar que dio cobijo a Carlos V y a su séquito en el año 1517. Rara es la lista de los pueblos más bellos de España en que no aparece este conjunto histórico de neto saber montañés. Calles empedradas, balcones cuajados de flores, anchos portalones  de piedra… Sí, Barcena Mayor es un prodigio de arquitectura rural donde el tiempo parece haberse detenido.

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Bárcena Mayor  –  Fotografía: Julio Fernández Casanova

TUDANCA

Menos de cincuenta kilómetros separan Barcena Mayor de otro pueblo de la Montaña declarado conjunto histórico, Tudanca, escondido entre prados verdes, lleno de recuerdos literarios. Y es que allí está la casa de don Celso, el personaje de Peñas Arriba, la novela de José María Pereda: una casona del siglo XVIII que perteneció a José María Cossío en la vida real y por la que, en la primera mitad del siglo XX, pasaron los grandes escritores del 98 y del 27.

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Tudanca – Fotografía: Elena Ruiz

Aquí, en Tudanca, la Montaña es, más que nunca, inaprensible y hermosa. Los prados amanecen entre estáticas mareas de bruma. Y el crepúsculo llega, como el alba,    en medio de una sinfonía de cencerros que las vacas agitan al subir y al bajar toda clase de cuestas.

SAN VICENTE DE LA BARQUERA

El camino que elegimos para ir de Tudanca a San Vicente de la Barquera pasa por algunos de los más bellos paisajes de la Cuenca del río Nansa. Cossío, adornado de historias hidalgas y casonas indianas; Puentenansa, cruce de caminos desde donde puede accederse al valle de Carmona; la Cueva del Soplao, cueva y mina a la que se accede mediante un evocador tren  minero; y Pesués, con la extraordinaria vista de la ría de Tina Menor, desembocadura del Nansa.

Desembocadura del nansa Cantabria
Desembocadura del Nansa

Qué ver en San Vicente de la Barquera

San Vicente de la Barquera queda a menos de 10 kilómetros de Pesués. San Vicente de la Barquera es una deliciosa villa marinera que cuesta mucho abandonar, tal es el encanto de sus calles y de su placita de magníficos soportales,  el hechizo de sus playas y marismas, la calidad de sus restaurantes, la sombra majestuosa de su castillo y la belleza de la iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles. Allí hay una de los sepulcros más impresionantes de España, la tumba del inquisidor don Antonio del Corro, de estilo renacentista.

Sepulcro Antonio del Corro San Vicente de la Barquera
Sepulcro Antonio del Corro

COMER EN CANTABRIA

La gastronomía de esta tierra ya aparece citada en el Libro de Buen Amor, del célebre Arcipreste de Hita: “De Santander vinieron las bermejas langostas”. No en vano, el pescado constituye uno de los platos fuertes de la cocina de esta ruta: merluza en salsa verde, bocartes en cazuela, besugo al horno o la espalda, mariscos… Pero claro, estamos en la Montaña, y aquí no faltan las carnes y los productos de la huerta, con especial predilección pos la alubias, blancas o pintas. Y de postre, dos delicias reñidas con la dieta: quesada y sobaos.

quesada y sobaos cantabria
Quesada y sobaos

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Foto portada: @eldrone.es